jueves, 29 de noviembre de 2018

Mis dedos

En mis dedos hay rìos de palabras abrasadas

que desbordan el amor que mi boca no habla.

Palabras en llamas...dedos que estallan

en el teclado angustioso, descomprimiendo mi alma.

Mis dedos son rìos de volcànicas palabras

que atraviesan el velo sensible que nos separa.

Mis dedos son clavos que atraviesan brasas

y perforan la herida de mi soledad desolada.

Son mis dedos tumbas de caricias nonatas

que se ahogan dolorosas en mi garganta.

Mis dedos son extremos sensoriales de mi alma

que en este torrente buscan tu cara.

En mis dedos expiran dulzuras apasionadas

que no alcanzan a rozarte...y se apagan.

A cada estación lo que queda.


Mira las hojas de mi otoño como llegan a mi puerta

en los brazos de la brisa crepuscular que las seca.

Este otoño es arrastrado por el invierno que apremia

y las hojas de mi otoño le llevan mil estaciones

a las de tu primavera.


No quieras recoger mis hojas que a tus manos, deshechas,

llegan como mi alma, que de tus ojos se aleja.

No te detengas en mi otoño, ve con tu brisa fresca

y no dejes en mis ojos inquietudes que a esta hora

me hablan sólo de tristeza.


La sabiduría Altísima que la naturaleza encierra

nos dirige a la madurez de una vida plena.

Aprende a encontrar el verano que dé color a tu escencia

y apertrechate de aromas vitales para tiempos carentes

...no quieras recoger mis hojas, deshechas.



Ciega

mis ojos se detienen a mirar tus horizontes y parece que estoy ciega.
me tropiezo paso a paso y en las ventanas hay niebla.
hay niebla, hay tristeza que se resbala en el frío de mis noches
arrancándome el calor del recuerdo de lo que en mis ojos queda.
mis ojos, mis ojos se escapan y se dejan caer entre las piedras.
no quieren que vea la soledad que me espera.
la soledad es la guía entre la libertad y el castigo
mis ojos....mis ojos me ciegan.

No temas

No temas


Cada vez que tu alma explosiona en tu mente, está destruyendo el silencio en que cumplia condena. Cada vez que se aferra tu mente a los barrotes del tiempo, te avisa que ha destruido el letargo y el miedo.
No temas, entonces.
No temas destruir tu jaula y emprender tu vuelo.

Cada vez que sangre tu voz desgarrada,  hecha viento. Deja que salpique con sus gotas la tierra a la que vas de regreso. Cada vez que se apague el farol de tu alcoba, enciende tu propia lumbre. La que te quema por dentro.
No temas, entonces.
No temas quemar destellos si alcanzas estrellas con tu fuego.

Cada vez que tus ojos acusen tu ira, no desgarres con tus manos su huella. Desafíala a manifestarse en tus letras. Que se clave en tu papel con la misma furia que en tu pecho. Y verás florecer tu ira en la tierra fértil de la prosa o el verso.
No temas, entonces.
No le temas a tu ira si en tu inspiración la vuelves madero.